Ante un nuevo escenario

Desde el pasado 29 de abril, al decidir la DC ir a la primera vuelta presidencial, en el ámbito del bloque de la Nueva Mayoría se entró al poco energizante ejercicio de las quejas y lamentaciones. No es el momento, es tarde para sacar cuentas de lo que pudo haber sido y no fue; en todo caso, es positivo que de nuevo se valore el entendimiento político que no se supo mantener o cuidar.

Ante la leche derramada no hay que lamentarse, lo que pasa en la Nueva Mayoría es que hace ya tiempo se abrió entre sus fuerzas una dura competencia por encima de la eficaz cooperación que sostuvieron largo tiempo. No hay que buscar chivos expiatorios, la verdad es que las responsabilidades son múltiples, en especial, el uso de una retórica inapropiada ante las diferencias, que desgastó la convergencia política y el buen trato que debiese haber entre quienes tienen tareas de gobierno.

Ahora cada fuerza piensa en su propio peso político en el nuevo escenario nacional. En efecto, ya no habrá primarias con vistas a una candidatura única, sino que competencia en la primera vuelta de la elección presidencial, desde 1970 que ello no ocurría. Se trata de un cambio sustancial en la relación entre los Partidos que tuvieron la misión de sacar adelante la transición para consolidar la democracia.

Las razones son variadas y su mayor o menor peso y preponderancia será materia que los historiadores escribirán a su criterio. Opiniones habrá muchas, a gusto de cada intérprete, pero lo obrado hecho está y paralizarse por ello sería peor.

La rápida inscripción legal de la abanderada DC señala que ya no volverá atrás, que no hay retorno a la situación previa a la Junta Nacional de ese partido, cuando aún había un debate sobre ir a primarias o primera vuelta. Es decir, son medidas que anulan la idea de una candidatura presidencial común, como podría ocurrir con un acuerdo de primarias que fuese convocada por los mismos Partidos de la Nueva Mayoría.

Por eso el desafío para los partidos de izquierda de la NM ahora es saber competir, sin sectarismo y sin aceptar abusos que les menoscaben, con su identidad pero con nítida vocación de país.

Hay que lograr adaptarse a una mayor fisonomía de cada fuerza, sin caer en las confrontaciones que en el pasado generaron el triunfo de la derecha, una conducta de auto aislarse sería de una torpeza total.

Existe un cambio natural en la cultura política de las nuevas promociones, como no sienten riesgo de involución a la dictadura tratan de perfilar sus demandas y representarlas, lo que conlleva el afán que cada cual actúa en su realidad inmediata. Ello debe convocar a un esfuerzo de amplitud y altura de miras, sin declinar los intereses legítimos que caracterizan a cada Partido, en el ancho cauce democrático.

En la nueva situación es claro que si distintos personeros se refugian en un discurso de chovinismo partidario el efecto será una disputa estéril. Hoy más que ayer se debe tener presente que solo con una sólida mayoría nacional se puede responder por la gobernabilidad democrática del país.

De modo que, asumiendo los porfiados hechos, hay que conseguir que realizada la medición de fuerzas que se ha buscado, ya que – en el fondo – prevaleció el propósito de “pesarse” en busca de una identidad política que se pensaba perdida. Cerrada esta etapa se debe retomar una cultura política de cooperación y entendimiento y no prolongar una constante confrontación estéril.

Por ello, habrá que rehacer una perspectiva común una vez que se hayan efectuado las elecciones y se conozca el veredicto popular, incluso antes de ello se requiere unidad para sacar adelante reformas inconclusas, es probable que el acuerdo y la colaboración que se alcance en la nueva situación no sea como lo fue hasta ahora, pero sí debe ser capaz de derrotar al piñerismo en la segunda vuelta presidencial.

No será fácil, la diferenciación que se ha impuesto creará inevitables roces y perfilamientos que no se superan de un rato para otro.

Es crucial ponerse en marcha, iniciar las campañas parlamentarias y no perder más tiempo, el que puede ser fundamental en el balance final.

Ante este nuevo escenario, habrá que hacerse cargo del desafío y sus consecuencias, sin perder de vista que más adelante la agenda del país, recreará la necesidad de entenderse y unirse para contar con una fuerza capaz de dirigir el Estado.