El desencanto ante los abusos de poder

La candidatura “oficial” de derecha, la de Sebastian Piñera, no abandona sus reservados deseos de ganar en la primera vuelta, las elecciones del próximo 19 de noviembre. Se basan en una alta abstención, que maximice el voto duro que poseen en el sector más acomodado de la población.

En las comunas “cuicas”, donde está concentrado el sector de más altos ingresos del país, allí incentivan el voto, pero en el mundo popular siembran el desencanto. La ecuación es simple, si el “populacho” se queda en casa, los dueños de la fortuna harán el gran negocio de tomarse el control total del poder.

Pero no hay que simplificar, lo que está pasando no es el resultado de la exclusiva astucia o maquiavelismo de los estrategas derechistas. También hay una fuerte responsabilidad en las malas prácticas y abusos de poder de las autoridades democráticas. El desencanto allí afinca sus raíces.

Hay ciertos parlamentarios que se apoderaron de los gobiernos regionales para sus exclusivos fines y apetitos personales. Es un populismo de cuello y corbata, que presenta las obras y realizaciones del Estado y el país como si fueran resultado de su sola y exclusiva gestión individual.

Así también, hay alcaldes que se coluden con las redes del narcotrafico y se someten a los fatales designios de los patotas o pandillas que les sirven y protegen.

Hay gente en esferas ministeriales que se sienta en las confortables butacas de sus despachos y de allí no se mueven. Se autodefinen como “técnicos”, que reniegan de la política que les llevó a las designaciones que ostentan. Son burócratas que desnaturalizan el sentido de la función pública de la que viven.

La derecha se aprovecha de ese seudo apoliticismo, en el que se nutre y apoya para anular y denostar la necesidad de políticas públicas que corrijan y reviertan las duras desigualdades del libre mercado.

Aún más provecho trae a la derecha y a ese libre mercadismo a ultranza la corrupción y el desprestigio que se provoca con negociados y arreglines que defraudan el fisco en los diferentes eslabones del sector público, así como el “raspado de la olla” con fines de financiar campañas electorales defraudando el pago de impuestos que corresponda.

En definitiva, dejar atrás esas malas prácticas es el camino que supera el desencanto.

Esas rectificaciones no se instalan de un día para otro y tampoco se consigue nada repitiendo consignas pasajeras que ganan visibilidad por un rato.

Se trata de transitar y de vivir un proceso que vaya renovando y revitalizando la acción política, con vistas a fortalecer  en sus cimientos a la democracia chilena.