Incluso desde antes de su fundación como partido, el socialismo chileno ha estado presente en la historia de Chile; sus fundadores estuvieron en las luchas por los derechos de los trabajadores y la justicia social, en el periodo de inestabilidad política e institucional que se generó por la decadencia del régimen parlamentario -en los años 20- y por la crisis mundial del año 29 en adelante, cuyo impacto llevo a la formación de la República Socialista de los doce días, en Junio de 1932.

Aún más, en las extensas estancias de la Patagonia, donde se explotaba cruelmente a los pueblos originarios y a miles de trabajadores ovejeros llegados a Punta Arenas desde Europa, hubo obreros anarcosindicalistas, de inspiración socialista, que impulsaron la formación de un PS de Magallanes.

Luego vino su conformación como fuerza popular y política autónoma, en 1933, año de su fundación. En sus inicios, cultivó una fuerte identidad propia, pero la situación internacional y su carácter libertario lo impulsaron a participar en la configuración del Frente Popular: el gran acuerdo nacional y democrático contra el nazi-fascismo en Chile, que llevó a la Presidencia a Pedro Aguirre Cerda.

Fuese desde el Gobierno o desde las luchas reivindicativas del pueblo, su huella quedo marcada en las movilizaciones obreras por una vida digna y por las luchas campesinas por la tierra, así como por el rescate de las riquezas básicas y la brega por la igualdad de derechos de la mujer y el respeto de la estabilidad laboral de los sectores medios, el fin de la ley maldita y por un sistema electoral sin corruptelas y cohecho, hasta llegar con Allende a la Presidencia de Chile.

En su trayectoria, vivió desgarros y divisiones pero, aun así, hubo líderes que supieron unirlo y rehacer el tronco partidario cuando este se quebró por alguna confrontación interna que forzara una división; por eso, este 11 de marzo, debemos rendir homenaje a Salomón Corbalán, diputado y senador socialista, que muriera prematura y trágicamente hace 50 años, quien fuera Secretario General del Partido, entre 1957 y 1961.

Salomón Corbalán surgió como líder de las movilizaciones estudiantiles y luego fue profesor de la Universidad de Concepción, su casa de estudios; era un dirigente capaz de tomar la responsabilidad de reponer la unidad socialista rota en la etapa anterior a la formación del FRAP el año 57 y a la proyección de Allende como figura histórica del socialismo chileno.

Salomón Corbalán fue un incansable organizador social, siendo precursor de las luchas campesinas contra la oligarquía agraria. Fallecido en un accidente, con poco más de 40 años, poseía notables condiciones de liderazgo y había sido jefe de las campañas presidenciales en 1958 y 1964. Cuando fue necesario hizo de la Unidad Socialista la clave de su dedicación política, situándola en el eje de su esfuerzo organizativo.

Ahora, al acercarnos a una nueva elección interna, el valor de la unidad sobresale como un objetivo esencial para fortalecer el partido y enfrentar el desencanto que afecta a la actividad política, colocando lo que une por sobre lo que divide, para convocar a los socialistas a un gran esfuerzo de superación de sí mismos y lograr un trabajo fecundo de reconstrucción del tejido social y de reconexión con la sociedad para superar la apatía y la incomunicación que dañan y afectan la democracia.

Ese esfuerzo debe permitir superar la abstención y lograr una participación ciudadana masiva y potente en los comicios que se acercan. El pueblo debe tomar en sus manos su propio destino, lo que significa ir a votar, es decir, vencer el desencanto y concurrir a las urnas, para tomar parte de las decisiones que afectan el destino del país.

Hoy, la desafección alcanza nuestras propias filas, hay quienes ya no sienten respeto por nada, ni por ellos ni hacia el partido; se dedican a sembrar infamias e insidias que “filtran” para su publicación con el avieso propósito de destruir a otros socialistas. Se solazan y viven del chisme, la cosa chica, el comentario inconducente, las habladurías sin perspectivas. Tales expresiones se degradan y se descomponen, pero dañan a todo el Partido. Hay que dejar atrás esas prácticas perversas.

También existen quienes se autoproclaman y pretenden ser candidatos a cualquier precio, no importándoles el impacto o el efecto que sus tan deseadas candidaturas pueden tener o provocar sobre

La marcha del proceso político y el costo que sobrevendrá sobre la causa común del conjunto de los socialistas, se supone debiese ser lo que auténticamente motiva a tan insistentes personeros.

El sentido de unidad, como noble inspiración moral y política, se ha perdido de vista en la actividad de muchos, lo que mueve las energías se basa solo en el interés particular. Por eso, hay que rescatar a figuras como Salomón Corbalán, cuyo motor en su conducta diaria fue la unidad y el interés partidario como una causa colectiva, lejos del apetito individual que ahora tanto trastoca y distorsiona la labor política.

El partido debe redoblar su confianza en lo realizado, en su política de entendimiento estratégico del centro y la izquierda, que ahora muchos parecen despreciar, olvidando las penurias que trajo al país el quiebre de los demócratas chilenos, cuando la polarización hizo de las pugnas lo principal, el encono del día a día no se logró aplacar y se derrumbo la democracia.

Al respecto hay que recordar que en las poblaciones hubo campeones del “enfrentamiento”, como el asesino y torturador de la DINA, conocido como el “guatón Romo”, que camuflado como “ultra” fomentaba la división y el odio en lo más profundo del mundo popular.

En el presente, ante el desencanto y las conductas provocadoras hay que promover la unidad y reforzar la institucionalidad partidaria. La tarea es fortalecer una cultura de respeto y fraternidad en nuestras filas; el desafío de hoy es dignificar la política, con la visión de militantes como Salomón Corbalán, militantes dignos y ejemplares.

Para un objetivo de tanto alcance y dimensión, como es darle a Chile una nueva Constitución, resulta esencial reponer una sólida y robusta unidad, tan significativa como para tener las mayorías que permitan ese objetivo.

A esa tarea convocamos, con vistas a contar con las mayorías necesarias para dar continuidad al proceso de reformas que entreguen mayor integración social, más fuerza a sus instituciones democráticas y menos desigualdad en su convivencia interna, lo que va a permitir proyectar un bloque político con unidad y madurez política. Como nuestra historia lo demanda.