Francisco y el cambio climático

Al igual que otros Presidentes o Jefes de Estado, el Papa Francisco se ha incorporado al debate que a escala global se realiza en torno al fenómeno del cambio climático, cuyas consecuencias están impactando severamente la vida en nuestro planeta.

En efecto, las emisiones de carbono cuyo aumento desequilibrante en la atmósfera es el factor que induce el cambio climático, constituyen fuente de preocupación de la comunidad científica y estadistas responsables, quienes se afanan tras un objetivo común: iniciar un proceso de reducción de tales emisiones que permita ir persistentemente anulando sus nocivos efectos.

El Papa Francisco en mensaje del 7 de noviembre, dirigido a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio climático, lamenta que muchos esfuerzos son frustrados por motivos “que van desde la negación del problema, la indiferencia, la renuncia conveniente, o la fe ciega en soluciones técnicas”.

De sus palabras, se confirma que no existe la misma conciencia acerca del peligro que se está generando sobre el futuro de la humanidad, en los diferentes actores involucrados.

Están los que sin ambages desconocen el fenómeno, de ellos hay ciertos casos, como el de Donald Trump, que tienen decisivo peso en el escenario global, pero que sean actores significativos no significa que tengan igual sentido de responsabilidad con el futuro de la humanidad.

La negación del problema o la indiferencia ante el mismo resultan ser prácticas habituales en débiles gobernantes o ambiciosos usureros, que se someten o se nutren de la “fuerza invisible” que alcanzan las diversas transacciones en el mercado, las que sin control o contención sobrepasan y someten a los sistemas políticos y a la comunidad internacional.

Los ultramercadistas se resisten a tomar iniciativas o asumir la responsabilidad de dirigir procesos que reforzando la estabilidad y la gobernabilidad democrática en sus naciones sean capaces de evitar que el calentamiento global genere convulsiones climáticas que sean inmanejables en países y continentes.

El propio Trump sorprendió a su país y al mundo con su frívolo desdén ante las calamidades sufridas por Puerto Rico, en meses recientes, al ser azotado su territorio por violentas tempestades y un huracán.

En consecuencia, la estatura y la consistencia ética y política al elegir gobernantes no puede soslayarse como requisito esencial de los desafíos que afrontará la humanidad en las próximas décadas.

Aunque parezca lejano este debate, en las decisiones democráticas que tome Chile en las próximas horas, esta dimensión será fundamental: o un país sustentable con gobernabilidad participativa o libre mercadismo a ultranza. La decisión está en las manos de cada una de las personas que determina mañana la conducción  del país.