Hay que rescatar una mayoría política democrática

El ajetreo en los diferentes partidos o conglomerados políticos, previo a la inscripción definitiva de las listas y candidaturas a las elecciones del 19 de noviembre de este año, fue expresión del ambiente enrarecido y crispado que impera en el país.

Ninguna formación quedó al margen de pataletas, presiones oportunistas y maniobras, un clima inquietante por la falta de perspectivas de quienes se espera una visión de país y no una simple pugna por protagonismo individual o de sectas internas e incluso afanes de un inaceptable y nocivo nepotismo.

Se trata de un ciclo negativo para la democracia en que impera la desunión y no los proyectos de país, que atrapa a los partidos en una conducta política que apunta a obtener grados de poder sin elaborar contenidos ni programas de largo plazo.

En suma, el sistema político se ve afectado porque requiere una alternativa nacional que unifique las fuerzas, reagrupe las voluntades y los espíritus, dando al esfuerzo electoral un impulso nacional, de impacto transformador y no mera pugna por cupos o cuotas de poder.

Esa necesaria actividad que es la política debe ser dignificada y proyectada hacia metas de carácter nacional que dejen atrás tensiones y ambiciones personalistas y reponer su auténtico sentido, reagrupando una mayoría nacional que robustezca y revitalice la gobernabilidad democrática de Chile.

La mayor paradoja de la falta de horizontes es que en las encuestas aparece Piñera adelante, siendo el prototipo de lo que no se desea en la conducción del Estado, esto es la estrecha alianza entre dinero y política. Se habla de terminar con la colusión y las encuestas favorecen al campeón de los grandes intereses corporativos que intervienen el sistema democrático. Hay que evitar ese paradojal retroceso.

El dinero gobernando la política, si así ocurre será la muestra más clara del deterioro del espacio público, y de la ausencia de una visión de país que unifique las voluntades ciudadanas en una opción  constructiva; ese sería el triunfo del individualismo y la derrota del humanismo solidario.

Para que esa eventualidad no ocurra y de paso a una mayoría nacional propositiva hay que unirse, dejar de lado disputas subalternas y reponer un proyecto país que aliente las reformas, refuerce la gobernabilidad democrática y deje atrás el desencanto.

Somos mayoría en torno a una Plataforma de Ideas Fundamentales con vistas a la 2′ vuelta, como el viernes recién pasado ha sugerido Alejandro Guillier, asumiendo que separados somos minoría. Hay que encarar ahora la tarea de restituir la unidad democrática que se requiere para ganar el desafío presidencial.