La dignidad no se entrega

Con el curso de los días se ha ido desvirtuando el gesto republicano de reconocer el resultado favorable a Sebastián Piñera en los recientes comicios presidenciales, algunos lo viven como un acomodo oportunista ante el vencedor, actitud que se aleja de lo que debiese ser una digna y sana política, de valores y principios.

Los actos protocolares son normales y no se justifican los duros ataques al ex Presidente Ricardo Lagos por reunirse con Sebastian Piñera. Lo esencial es la coherencia y la identidad que define a cada actor político y esa condición es un mérito que pocos tienen, pero que Lagos sí la tiene con creces.

Pero, hay situaciones de diferente naturaleza, entre ellos la renuncia a su militancia de quienes encuentran, luego de décadas de pertenencia a un partido o alianza política, que ¡¡oh sorpresa!!, se identifican de “mejor manera” con el que ganó las elecciones.

Esto una exacerbación de la política con exclusivos fines personales, al punto que hay algunos que se ven en condiciones de estar en altos cargos de confianza política de uno u otro gobierno, sin que importe el signo ideológico, el programa o la identidad política del mismo y se ofrecen con una facilidad pasmosa.

Ésta tan repentina pérdida de respeto hacia la propia historia e identidad de cada cual, indica que tales personas creen que sus acomodos no se notan o que pasan desapercibidos, ello a su vez presupone que Chile como nación y comunidad cultural existe desde ayer y que ese oportunismo no se hubiese practicado antes.

No es así, en otras ocasiones también hubo volteretas que dejaron huellas dolorosa para el prestigio de la democracia y de sus instituciones representativas, que se reflejan en ese antiguo y sarcástico refrán de ir o estar “donde calienta el sol” o de estar siempre listo para pasarse a las filas del vencedor.

Por eso, por las circunstancias que definen la historia del país, resulta penoso ese acomodo político en quienes registran mutaciones que redefinen su identidad cuando ya han ejercido una posición y múltiples cargos que les dieron un cómodo buen pasar y descubren ahora que sus partidos ya no les representan.

Las conductas de exclusivo interés individual, van formando ese vicio del oportunismo político que, en extensos sectores populares, es visto como una prueba que los “políticos” son todos iguales, entendiendo por ello que lo que les importa no son las ideas en las que dicen creer sino que como acomodarse mejor.

De ese modo, críticos tenaces de la candidatura de la derecha ya no lo son tanto y empiezan a encontrarle atributos y condiciones al próximo gobernante o a sus aliados cercanos. Hay analistas que opinan ahora todo lo contrario de lo que opinaban ayer.

También, en la tecno-burocracia, hay jefes de alta jerarquía que llegan a pensar que su exclusiva “excelencia técnica” les instaló en las responsabilidades estatales que han ostentado y no el carácter político del bloque que gobernaba. Así se hacen parte de esa idea: “son todos igual”.

Pero, la realidad institucional y política no admite dudas, hay un cambio de alianza política en el poder, los que eran oposición pasan a ser gobierno y estos pasan ahora a la oposición. Aunque Piñera tuvo 45% en la primera vuelta, el resultado de la segunda vuelta le entregó 55%, así la minoría logró pasar a ser mayoría.

Por falta de unidad y otros factores relevantes la derecha es la que ganó y toma el gobierno. La actual Nueva Mayoría se situará en la oposición, no hay espacio para fórmulas de cogobierno ni de arreglos parciales por separado,  en los que una parte quede muy bien en detrimento de todas las demás.

Ahora bien, cómo será el carácter de esta nueva relación entre las alianzas o sectores políticos no se puede adivinar ahora, dependerá de los hechos concretos, en particular, del tipo de acción que impulse el gobernante que asume, de los pasos que defina se desprenderá el contenido de la oposición, si habrá mayor o menor distancia o si ante determinadas decisiones habrá confrontación o colaboración política.

No  se trata de definir a priori lo que ocurrirá, no hay que negar la sal y el agua, antes de conocer los primeros pasos y las acciones concretas del próximo gobierno, luego de ello se requiere un amplio debate para tomar la mejor decisión; pero lo que esta claro es que los que gobernaban pasan a la oposición y desde allí deberán definir su táctica y estrategia de acción política.

En definitiva, la alternancia está en la médula de la democracia. No existe el gobierno eterno. Sin embargo, no debe olvidarse es que tras la oposición, en toda su diversidad y con toda la dispersión que sufrió, hay un caudal cercano a la mitad de los votantes del país. Son los que apoyan las reformas por un Chile más justo.

La gran tarea es que mañana ese anchísimo cauce de vertientes progresistas de centro y de izquierda se reagrupen y sean de nuevo una mayoría nacional capaz de gobernar con sentido republicano, integración social, progreso económico y respeto a la diversidad cultural de la nación.

Es un grave error creer que la estadía en el poder es permanente.

No es así, sin importar la contingencia y sean cuales sean las circunstancias, la dignidad no se entrega, porque si se pierde no se recupera.