La paz vence al terror

La reanudación de la carrera armamentista con pruebas nucleares, así como el lenguaje confrontacional de Trump en los Estados Unidos y de Kim Jong Un en Corea del Norte, han reabierto el peligro que la retórica escape de control y se desate una guerra de efectos insospechados sobre nuestro planeta.

Estas ruidosas circunstancias hacen olvidar los cruentos enfrentamientos en el Medio Oriente, desde que la invasión militar estadounidense en Irak desató el infierno del terrorismo islámico y de guerras civiles que han destruido esa región, con un costo humano desolador y una extensión que cubre miles de kilómetros, muchos países y se prolonga en Europa a través de demenciales atentados terroristas.

Desde 1945 hasta 1989, año de la caída del muro de Berlín y el término de la “guerra fría”, cuya lógica era el equilibrio “al borde de la guerra”, entre la entonces Unión Soviética y los Estados Unidos que competían en quien acumulaba un arsenal nuclear más destructivo, tanto como para acabar varias veces con la vida en la tierra, desde entonces que la pesadilla de una hecatombe nuclear estaba fuera de la agenda global.

La memoria histórica no se alimentó lo necesario con el terrible costo de la 2′ Guerra Mundial que destruyó un patrimonio incalculable y terminó con unos 60 millones de vidas humanas. El nazismo con su demencial intento de imperio mundial aplastó las ideas, las libertades y trató de apagar las conciencias instalando la pretensión totalitaria de una ideología única que justificó el holocausto. Las torres de vigilancia y las alambradas de los campos de concentración son el horroroso símbolo de aquello.

Únicamente un régimen como el de Pinochet, podía tomar como propia esa mecánica del terror en las semanas y meses posteriores al Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, instalando campos para los presos políticos a lo largo de Chile. El dictador eufórico ensalzaba esa represión que inició el terrorismo de Estado en el país.

Ahora en el mundo del desencanto que lo inunda todo, esos horrores terribles se olvidan  y los “halcones” levantan vuelo otra vez, con sus terroríficas pruebas, rabiosos desfiles y despliegues de armas.

En un escenario bélico las libertades son violadas, los derechos sociales atropellados y la autodeterminación de las naciones es  avasallada. El llamado “complejo militar-industrial” pasa a ocupar el sitio preponderante. De modo que la paz, el diálogo y el entendimiento en el ámbito global son vitales para resguardar derechos que son fundamentales para que cada país ejerza su soberanía.

En Chile no está en discusión que se debe preservar su capacidad disuasiva en el sector de la Defensa Nacional, pero no cabe duda que en el concierto mundial su posición será mejor en condiciones de diálogo que de conflicto internacional. La seguridad geoestratégica de Chile está asociada a mantener la paz, en ese contexto su interlocución global se ve fortalecida.

Toda suerte de aventureros se eleva en altos cargos estatales cuando suenan los tambores de guerra, el odio los encumbra, los que más vociferan son los que arrastran a sus naciones a irracionales gastos en armamento y a confrontarse sin otra lógica que satisfacer el mesianismo de gobernantes ocasionales.

De modo que para abrir paso a cambios sociales de carácter avanzado, con vistas a una sociedad más integrada y justa, la estabilidad política que genera la paz entre las naciones es un factor necesario, ya que los pueblos avanzan y los autoritarismos retroceden.

En esta materia la izquierda no se debe llamar a engaño. La justicia social no nace de enfrentamientos irracionales, surge de la conciencia humanista de millones de personas, de sólidas mayorías nacionales que al decidir por gobiernos reformistas impulsan las transformaciones que realizan los anhelos populares que están maduros.

Ese es el camino.